Lectura

Biografía lectora

Por Gabriela Mariel Arias

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James Francis Day (1863-1942)

Como lectores, en nuestra infancia, emprendemos un camino que estará marcado por los relatos que nos han narrado, por los libros que hemos leído, por las tareas de lectura que tuvimos que abordar en la escuela, por los modelos de lectores que conocimos, por el modo en que nuestras experiencias lectoras nos hicieron sentir.

Ese camino, que vamos andando a través de las lecturas, es, sin dudas, sinuoso. Luego de haber andado un buen trecho, puede observarse como un mapa en el que habrá marcas que den cuenta del recorrido de la vida del lector.

Así, el sendero que recorremos a partir de la lectura, en torno a ella y a través de ella, es nuestra biografía lectora: la historia de nuestra vida como lectores.

Ahora bien, ¿de qué manera se lleva a cabo el encuentro entre el mundo del texto y el mundo del lector? La escritora Adela Basch nos proporciona una de las posibles respuestas, si atendemos a su biografía lectora: “Mi vida se ha ido tejiendo con la trama de mis experiencias, pero también con todos los cuentos e historias que oí contar aun desde antes de saber el nombre del mundo. Cada historia escuchada, como cada libro leído, ha dejado en mí alguna sustancia casi intangible que es ahora parte de mis pensamientos, mis emociones y mis mociones, inseparable de mi identidad”[1] (Basch, 2008; p. 6).

Los invitamos, ahora, a leer algunas biografías lectoras que fueron publicadas como subnotas de un artículo escrito por Ángela Pradelli, cuyo título es “Revelación de un mundo[2]”. Para leerlas, hagan clic en los enlaces:

 

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[1] Basch, Adela. “Biografía lectora”. En: La Rosa, Juana (comp.). Latinoamérica en voz: cuentos y leyendas. Buenos Aires: Ediciones Abran Cancha, 2008.

[2] Pradelli, Ángela (11 de diciembre de 2011). “Revelación de un mundo”. En Suplemento Radar Libros. Página/12. Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4503-2011-12-11.html.

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Lectura, Recomendados

Entrenamiento para lectores 2018

Por Gabriela Mariel Arias

Los comienzos de año suelen ser momentos perfectos para iniciar nuevos proyectos o para volver a mirar aquellos que venimos desarrollando hace un tiempo, con la intención de renovarlos. Seguramente, también, el estreno de este 2018 nos sorprendió con una lluvia de buenos propósitos: practicar algún deporte, alimentarnos saludablemente, dedicar más tiempo a nuestra familia, aprender idiomas y, por supuesto, leer más.

Precisamente de ese último buen propósito hablaremos hoy, en este espacio de encuentro de lectores de literatura infantil y juvenil. Con la intención de acompañarlos a cumplirlo, desde Literarias les proponemos un desafío para este 2018. Los invitamos a cumplir un reto de lectura: 12 libros, en 12 meses. Para comenzar, sólo tienen que hacer clic en la biblioteca de cada mes y verán el texto que les proponemos.

Sólo queda decidir cuál será la escena de lectura que los acompañará cada mes: solitaria o colectiva, silenciosa o en voz alta, privada o pública. A veces, escuchando una voz que nos acerque el relato construido con palabras. Otras, sumergidos en la lectura y abstraídos del mundo más allá de las páginas.

Los invitamos, entonces, a iniciar el desafío, a contagiar la propuesta y a compartir los comentarios, en este espacio, con otros lectores que desfrutan de la lectura tanto como nosotros. ¡Adelante!

 

Reto de lectura 2018

Lectura

Escenas de lectura [1]

Por Gabriela Mariel Arias

“Cuando Lucía Peláez era muy niña,
leyó una novela a escondidas. La leyó a pedacitos,
noche tras noche, ocultándola bajo la almohada.
Ella la había robado de la biblioteca de cedro
donde el tío guardaba sus libros preferidos.
Mucho caminó Lucía, después, mientras pasaban los años.
[…] y a lo largo de su viaje iba siempre acompañada
por los ecos de aquellas lejanas voces
que ella había escuchado, con sus ojos, en la infancia.
Lucía no ha vuelto a leer ese libro.
Ya no lo reconocería. Tanto le ha crecido adentro
que ahora es otro, ahora es suyo ”.

Eduardo Galeano[2]

La acción de leer está asociada a múltiples y variadas escenas de lectura. Solitaria o colectiva, silenciosa o en voz alta, privada o pública, la lectura siempre es construcción de sentido.

Desde el mismo instante en que un sujeto se encuentra inmerso en una situación de lectura, comienza una actividad compleja que pone en funcionamiento simultáneamente competencias lingüísticas, es decir, conocimientos acerca de la lengua que tiene el lector; socioculturales, que incluyen los saberes sobre el mundo que el sujeto tiene almacenados; retóricas, que hacen referencia a los conocimientos que tiene el lector acerca de los géneros discursivos; e ideológicas, que aluden al sistema de creencias y de valores que maneja el lector y que proyecta sobre los textos que lee.

Así, en cada acto de lectura, el lector pone en juego un conjunto de saberes que le permiten interactuar con el texto, buscando indicios, pistas, hilos con los que construye entramados de significación.

Además, todo sujeto que se acerca a un texto cuenta con una historia de lecturas: su biografía lectora. Esas lecturas previas van a permitir diferentes construcciones de sentido en cada lector específico. Este punto en el que el lector se encuentra con un texto literario y con los ecos de las historias que ya leyó le otorga a la lectura un carácter imprevisible y plural, donde se ponen en juego todas las experiencias lectoras que se tuvieron.

Si bien la construcción del sentido se articula desde las posibilidades individuales de cada lector, esas posibilidades dependen además de la comunidad de significados a la que el lector pertenece.

Así entendida, la lectura es una práctica social que se caracteriza por la presencia de un sujeto lector que establece relaciones con una obra literaria y con otros sujetos lectores en el marco de un campo cultural. Es en la conciencia de los distintos grupos sociales, donde se va conformando el valor que se le da a esta práctica social.

Si se piensa en diferentes escenas de lectura, es decir, en lugares en los que se materializa la acción de leer, la escuela se instala como uno de los espacios fundacionales en la conformación de un lector. Dice Elba Amado: “Teniendo en cuenta que la escuela constituye la única oportunidad de adquisición de capital cultural para vastos sectores de nuestra sociedad, y considerando que las competencias lectoras son adquiridas sólo en los intercambios culturales y sociales se impone la pertinencia de su estudio en el ámbito escolar” (Amado, 2001; p. 3 [3]).

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[1] Para leer el texto en forma completa: Arias, Gabriela Mariel. “Leer literatura en comunidad: prácticas sociales de lectura en la escuela”. Novedades Educativas: Nº 194, Buenos Aires, febrero de 2007.

[2] Galeano, Eduardo. “La función del lector/1”. En El libro de los abrazos. Buenos Aires: Catálogos, 2000.

[3] Amado, Elba. “Hacia una didáctica social: la formación del lector”. En Didácticas de la lengua y la literatura. Teorías, debates y propuestas. Córdoba: Universidad Nacional de Córdoba, 2003.