Ante la urgencia del aquí y ahora, el remanso de la poesía

Por Gabriela Mariel Arias

cartel lectura

Ilustración de Esther Carazo Manso

De la mano de María Cristina Ramos, los invito a que pensemos cuántos y cuáles son los espacios en los que la poesía está presente en la escuela.

Según la escritora argentina, ingresa en el ámbito escolar como pidiendo permiso y a tientas. Plantea que, en un mundo que se alimenta de vértigos, la poesía necesita anidar en un tiempo diferente que permita recalar en el terreno de la subjetividad:

“[…] da la posibilidad de un respiro, de un espacio que cobija y repara la subjetividad de quienes como lectores pueden haber sufrido olvido o abandono, soledades de lectura o ausencia de libros. La poesía instala renuevos en los ya lectores, porque los conecta otra vez con la matriz del arte y de la palabra y porque recupera, por momentos, la sensación de compartida aventura de los escondites de la infancia”.

(En: Ramos, María Cristina. “Urgencias y remansos”. 32° Congreso Internacional de IBBY. Santiago de Compostela, 8-12 de setiembre de 2010).

“Ato solene” de Luis María Pescetti

Ato_solene“Antes de que nada quiero significar que es un alto honor para mí poder haber podido liegado a ser diretora de este establecimiento escolar de enseñanza, aunque más no fuera que todo se justefica en haber liegado al día de que hoy para poder recibir con mis humildes palabras que pude haliar al tan alto conjunto de personas que hoy se han acercado a nosotros a tal efecto.

Se encuentra entre nosotros, enchiéndonos de orguliecimiento (comienza a jugar con su zapato y se le sale), la bisnieta del fundador de nuestra escuela: la Señorita Írpides de Loza. Otro aplauso para elia también… pobre mujer.

Y bien, ahora sí: Altísimas Autoridades, Señorita Inspectora, Señorita Secretaria, Señoras Maestras, Señoras Porteras, alúcnos, y ¿por qué no también? Señorita Vice-Directora, que también es un ser humano como todos, ¿no? Antes de iniciar con este acto solegne vamos a oír una canción que hice dedicada al escudo de la cooperadora y que le puso música la señorita Esther, de actividades prácticas. Oigamos el disco con atención que allí lo canta el profesor de gignasia. […]” (
para seguir leyendo).

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En: Pescetti, Luis María. Nadie te creería. Buenos Aires: Alfaguara Infantil, 2004.

El arte de la palabra, según la narradora Ana Padovani

Por Gabriela Mariel Arias

Ana Padovani estudió música y se graduó en psicología. Su vocación por el arte la llevó a acercase al teatro, donde echó raíces y encontró las alas que la conducirían a la narración de cuentos.

Entrevistada por Claudio Martyniuk, Padovani nos ofrece una semblanza acerca del arte de la palabra contada:

“La abstracción que propone la narración deja algo perdurable, reconocible en nuestros sentimientos, sin lo cual sería imposible proyectar la vida, entre otras cosas, para construir el único relato válido para la humanidad: la tradición de la palabra, que nos prolonga en el tiempo aun después de la muerte”.

 


 

Por Claudio Martyniuk

Para Clarín

31/08/14

Narrar, contar una historia es un arte. Y atender, seguir los hilos, hundirse en el relato es una experiencia intensa para un chico. La imaginación, la definición de preferencias, la exploración personal, las consideraciones de lo bueno y lo injusto se van tejiendo con las voces que sostienen las historias. Para Ana Padovani, reconocida especialista en este delicado arte, se trata de advertir que la constitución de un individuo está íntimamente ligada con la narración. Para ella la narración es inherente al individuo y un sujeto se construye a sí mismo a partir de un relato de su vida.

 

narración oral

Ilustración de Geraldine Alibeu

 

¿Cómo se aproximan los chicos a la narración? ¿Por los padres?
Para los chicos es natural acercarse a la narración. Leerles o narrarles una historia, aun cuando estén lejos de comprender íntegramente el relato, va tejiendo su psiquismo. En la medida en que los padres son las figuras de identificación, todo lo que hacen o proponen sirve como modelo y estímulo. Por lo tanto, ellos deberían ser los primeros en ejercer esta práctica. La escuela también trabaja para la formación del niño y continuará, en el mejor de los casos, lo que ya han iniciado los padres o alguien próximo que haya introducido al chico en este mundo. Muchas veces la familia está ausente o no tiene los recursos materiales o psicológicos para iniciar la tarea. En esos casos, la escuela debe despertar esa sensibilidad.

¿Qué pueden hacer los maestros para que se preste más atención a los relatos?
Es aconsejable crear un ámbito para la narración que se distinga de otras actividades. Debe haber un espacio adecuado para el momento del relato. No es lo mismo jugar, hacer manualidades o compartir canciones en el jardín, que aprender a escuchar cuentos. Es una experiencia única: sentir la vibración de otro ser humano que puebla su imaginación con palabras, con gestos y la voz. No es necesario ser un profesional de la narración para seducir a un auditorio, pero sí será importante saber elegir el repertorio de acuerdo a la capacidad de comprensión de los niños, que el lenguaje sea accesible, que la gestualidad necesaria no sea exagerada … Pero por sobre todas las cosas importa la transmisión de la pasión por lo que se está narrando.

¿Por qué fascinan las historias?
La narración es inherente a la condición humana. Nos fascinan las historias porque nos construimos como sujetos a partir de nuestra biografía. Los relatos nos permiten viajar en el tiempo y hacia lugares inexistentes o utópicos. Permite despegarnos de la realidad cotidiana, de sus tensiones, de sus conflictos, y también vernos identificados en las historias, promoviendo una catarsis que estimula el crecimiento. Por otro lado, una sociedad que no se permita imaginar lo imposible es una sociedad sin esperanzas. Sólo la imaginación puede brindarnos herramientas para los cambios sociales.

¿Por qué perdura la fascinación por hadas, brujas y princesas?
Basta observar las grandes producciones de Hollywood dirigidas a los niños y no tan niños. El éxito de esos relatos cinematográficos es una prueba de que esos personajes siguen representando una parte de nuestros anhelos y sueños. Adquieren otras formas, pero siempre son las figuras arquetípicas de lo temido y lo deseado. Los miedos a lo desconocido, la muerte, el sufrimiento, el más allá, siempre están vigentes y adquieren distintas representaciones a través de los cuentos. También el deseo de un mundo donde la magia pueda cambiar la realidad y se distingan con claridad los buenos y los malos, y éstos reciban su castigo. Como sabemos que eso es imposible, nos interpela un espejismo narrativo donde existen certezas y milagros. Cuando me inicié en esta profesión, en los años ´80, tenía la duda: ¿resultaría una antigüedad hablar de brujas, reyes y otros personajes medievales? Con sorpresa, comprobé que los chicos siguen disfrutando de ellos.

¿Qué densidad puede alcanzar un relato en los chicos?
Los chicos son permeables, receptivos y sensibles, y además tienen su propia lógica. Por eso no hay que perder la dimensión simbólica del goce y del juego. Los textos construyen valores y permiten elaborar la agresividad de los seres humanos mediante eventos ficcionales. Gracias a los cuentos, los niños se confrontan con la muerte y los conflictos, aun antes de que tengan cercanía real con ellos. Son importantes para su formación. Lo que puede ser perjudicial es la manipulación ideológica, conociendo la receptividad de los chicos.

¿Cómo se construyen las identidades a través de los relatos?
La identidad se va constituyendo por múltiples identificaciones que se dan con el transcurso de los años. Los primeros años de vida son fundamentales. La narración de cuentos incide, pero no es el único elemento. La relación con padres, abuelos y educadores va contribuyendo a la identidad de un individuo. Y existe otra identidad, que es la colectiva. En ella, los relatos son importantes porque transmiten desde tiempos inmemoriales la tradición de una comunidad. No es necesario que los relatos abunden en el color local, como decía Borges, ya que reflejarán nuestra similitud social, simplemente porque han salido de nuestros antecesores.

¿Qué lazos encuentra entre relatos, mitos e historias, imaginación y conocimiento?
El hombre a lo largo de su historia ha tratado de dar cuenta de muchos fenómenos que no lograba explicar, apelando a los mitos. La historia de por sí tiene un origen mítico, mitos que hoy integran nuestro acervo literario. Las ciencias humanas nos permiten disfrutar de la mitología desacralizándola y apreciándola por la belleza de sus relatos y personajes. Sin duda, la imaginación es previa al conocimiento. De algún modo podría decirse que no hay investigador o científico que no sea un soñador.

¿Se puede diferenciar una narración existencial de un relato narcisista en que se cuenta de modo exhibicionista?
Obviamente, en este oficio podemos encontrar ambas posibilidades. Creo que la segunda tiene que ver más con la necesidad de impacto en el espectador, de alcanzar el éxito, si bien el narcisismo está presente en todos los artistas. Aquí se juega la ética del narrador. Un problema ético sería traicionar los principios artísticos para alcanzar éxito, produciendo lo que sabemos que el público quiere escuchar. Todos queremos saborear alguna forma de celebridad, pero debe lograrse sin abandonar aquello que nos construye como artistas.

¿Acaso los miedos pueden ser conjurados en un relato?
Yo creo que no se puede hacer una afirmación taxativa. Esto tiene muchos matices, pues un relato depende tanto del receptor como del emisor. Puede generar miedo, así como contribuir a perderlo. Sin embargo, los cuentos nos permiten experimentar vivencias y así familiarizarnos con eventos desdichados que aún no hemos transitado en la vida real. La narración es un reflejo de nuestra condición humana y a través de ella podemos atravesar las múltiples facetas del miedo. Los miedos tienen un objeto que los causa, y el poder hablar sobre ello los modifica.

¿Qué papel juega la voz en el relato?
La voz del narrador es fundamental en el relato, porque crea mundos, acerca, sorprende, emociona. Y, según cómo se la utilice, puede captar la atención y producir mayor o menor comprensión. Es indudable que hay voces más empáticas que otras, y el efecto en el receptor nunca será indiferente a esos matices. Lo cierto es que este oficio se ejerce principalmente con la voz, a la que habrá que educar y moldear para lograr los mejores resultados.

Se habla de “narradores sociales”. ¿Cuál es su tarea?
Los narradores sociales tienen una especial sensibilidad para responder a las necesidades y carencias de otras personas. Se trata de un trabajo de enorme generosidad, ya que son aquellos que narran en espacios donde la voz, más que necesaria, es salvadora (hospitales, cárceles, geriátricos). En las personas privadas de contacto con otros, la voz del narrador es muy bien recibida. En este ámbito, el voluntariado es el principal eje de la práctica. Debería promoverse esta práctica. Es interesante recordar la película de Juan José Campanella, “El secreto de sus ojos”, donde un confinado implora que le hablen.

¿Los medios digitales alteran la narración oral?
Yo no diría que la alteran, pues son dos lenguajes muy distintos que van por caminos paralelos. Incluso afirmaría que no hay narración en los medios digitales: hay una trama descriptiva, principalmente, y una función emotiva, que busca exaltar toda clase de sentimientos. Pero incluso así, aunque los chicos actualmente están más conectados con los medios digitales, cuando se les sabe introducir en el mundo de la imaginación a través de un relato bien contado, conforman un público que se entrega y participa. No hay chico más activo que aquel que está quieto porque está escuchando un cuento.

¿Lo efímero de un relato oral puede perdurar en alguna parte?
Es de esperar y desear que perdure en la imaginación y en el corazón de quien lo ha recibido, al igual que luego de un concierto, una obra de teatro, una performance. Será efímero siempre y cuando no haya logrado tocar la sensibilidad de quien lo recibe.

¿Por qué seguir narrando en una época en la que el contar matemático y el registro contable nos desvela?
Los números son herramientas; sin embargo, las matemáticas también tienen un alto poder de abstracción. Nos enseñan a imaginar, pero no de forma conectada con los afectos. Tienen otro objetivo: inventariar, organizar el mundo, sin vincularse con las emociones. Pertenecen al pragmatismo ineludible en nuestro mundo. La abstracción que propone la narración deja algo perdurable, reconocible en nuestros sentimientos, sin lo cual sería imposible proyectar la vida, entre otras cosas, para construir el único relato válido para la humanidad: la tradición de la palabra, que nos prolonga en el tiempo aun después de la muerte. Somos animales lingüísticos y nos reconocemos en la sucesión, en la continuidad, en el proceso y no en la imagen congelada de un resultado.

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En: http://www.clarin.com/edicion-impresa/activo-chico-quieto-escuchando-cuento_0_1203479741.html

“La lectura da resultados a lo largo del tiempo”, entrevista a María Teresa Andruetto

Por Gabriela Mariel Arias

La escritora argentina María Teresa Andruetto, ganadora del Premio Hans Christian Andersen en 2010, reflexiona acerca de la relación entre literatura y escuela.

“Un maestro constructor de lectores, para empezar, tiene que ser un apasionado lector, de manera que pueda elegir libros que sean interesantes, diversos, y que pueda ir llevando distintos materiales que a él le gusten y que quiera compartir con el grupo. Ahí está el saber importante de ese maestro, que se refleja en esa selección de libros que lleva. También tiene que ser alguien muy convencido de lo que está haciendo, para sostener ese espacio de lectura frecuente en la escuela, en el grupo o en la biblioteca”.


POR ALFREDO DILLON
Para Clarín

27/06/13

La escritora cordobesa, ganadora el año pasado del Premio Hans Christian Andersen,
habló con Clarín Educación sobre su obra, el lugar de la literatura en la escuela y
la importancia de construir lectores y escritores desde el aula.

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Narradora, poeta, docente y capacitadora, especialista y difusora de la literatura infantil y juvenil: la mujer en cuestión es María Teresa Andruetto, escritora nacida en Córdoba en 1954 y ganadora en 2012 del Premio Hans Christian Andersen, equivalente al Nobel de la literatura para chicos, que nunca antes había quedado en manos de un argentino.

Andruetto es autora de decenas de obras para niños y jóvenes, además de libros de poemas, ensayos y novelas para adultos. Traducida al alemán, gallego, italiano e inglés y ganadora de varios premios nacionales e internacionales, la escritora habló con Clarín Educación sobre su obra, sobre el lugar de la literatura en la escuela y la importancia de construir lectores y escritores desde el aula.

–Has trabajado mucho en la difusión de la literatura infantil y juvenil. ¿Qué rol tiene la escuela en esta tarea?
–La escuela es la gran ocasión, como dijo Graciela Montes. Uno se puede formar como lector en la casa y llegar a la escuela con un capital lector. Pero la escuela es un lugar igualador, un lugar de acceso al libro y a la cultura escrita, un lugar de intercambio con otras personas. La escuela es una gran oportunidad, es la gran oportunidad social. Sobre todo, la escuela pública.

–¿La literatura que se escribe hoy en Argentina llega a las escuelas?
–Sí. Yo antes de ir a las escuelas como escritora, fui como formadora de lectura, como capacitadora, como docente de talleres de escritura creativa. Yo veo un crecimiento enorme en la realidad escolar argentina. Sobre todo un crecimiento de conciencia muy grande en los docentes, acerca de la importancia del libro y de la literatura. Veo un crecimiento en la capacitación de los maestros; veo prosperar ferias del libro en muchos lugares del país. También veo un crecimiento muy grande en la dotación de libros por parte del Estado a las escuelas. Hay mucho por crecer todavía, porque nuestra sociedad es muy desigual en muchos aspectos. Y la lectura, el acceso al libro y al conocimiento, forma parte de esa desigualdad.

–¿De qué manera pueden contribuir los docentes a formar lectores?
–Un maestro constructor de lectores, para empezar, tiene que ser un apasionado lector, de manera que pueda elegir libros que sean interesantes, diversos, y que pueda ir llevando distintos materiales que a él le gusten y que quiera compartir con el grupo. Ahí está el saber importante de ese maestro, que se refleja en esa selección de libros que lleva. También tiene que ser alguien muy convencido de lo que está haciendo, para sostener ese espacio de lectura frecuente en la escuela, en el grupo o en la biblioteca. Esa lectura se va enriqueciendo: si uno ha leído 50 libros, el libro número 51 lo lee de otra manera que cuando ha leído dos. Eso va a dar resultados a lo largo del tiempo. Y esos resultados se pueden ver en muchos lugares: se van a ver en la clase de Lengua, porque va a mejorar la relación con la lengua; se va a ver en el uso de la biblioteca en la escuela, porque seguramente esos chicos van a buscar más libros prestados; se va a ver en el uso de la palabra oral y escrita de ese chico en los distintos espacios de su vida. También me parece que se puede ver en la autestima de los chicos. Un chico acostumbrado al tránsito por los libros es un chico que se siente más seguro de sí, de la palabra que usa y de la relación con los otros.

–¿Qué valor tiene el taller de escritura, y qué lugar debería tener en la clase de Lengua? 
–Para mí el espacio de los proyectos de lectura, la construcción de hábitos lectores y los talleres de escritura creativa deben separarse de la clase de Lengua. Lo que sucede habitualmente es que la enseñanza de la lengua en la escuela requiere de tanto tiempo y tanto esfuerzo, que se come los otros espacios.
Un niño o un joven tiene en la escuela espacios para aprender muchas cosas, pero pocas veces se presenta un espacio para saber acerca de uno mismo. Un taller de escritura creativa tiene que ver con eso: un espacio de introspección con las palabras; un espacio que a través de ciertas técnicas y ciertos estímulos de un coordinador permita un encuentro de cada uno consigo mismo; un espacio que va armando un empoderamiento –por traer una palabra muy al uso–, una conciencia de sí y una construcción del pensamiento. Y también es un espacio de construcción de las emociones, de lo que se siente y lo que se es.

–En cierta literatura infantil existe la idea de que tiene que haber una moraleja… ¿Qué lugar deberían tener los valores en la literatura infantil?
En la buena literatura los valores, las ideas, las ideologías no se notan, no se explicitan. Entran en la trama de un modo natural, le pertenecen absolutamente al relato, de modo que no se pueden aislar a la manera: “Este libro enseña tal cosa o tal otra”. Yo creo que la literatura nos puede enseñar muchas cosas sin que seamos conscientes de eso, porque lo que nos enseña, en todo caso, no es lo mismo para cada lector y no es una sola cosa. Si algo nos enseña fuertemente, es a hacernos preguntas. No nos da una respuesta. Una novela, un cuento, un poema nos obliga a preguntarnos, nos pone en la encrucijada de cuestionarnos a nosotros mismos, seamos niños, jóvenes o adultos. Preguntarnos acerca de lo que somos, acerca de lo que hacemos, de mil maneras y de maneras muy distintas para cada lector. Si algo tiene el arte, es esa capacidad de plantarnos en la incerteza.

– Para terminar, ¿qué libro debería leer todo estudiante en su paso por la escuela y por qué?
Si yo cierro mis ojos y veo mi relación con los libros, veo como un abanico, una multiplicidad. Siempre he sentido que la lectura era eso: un tránsito por muchos libros de distintas calidades, intereses, temáticas, editoriales, edades. Pienso en la calidad, pero también en la diversidad. Yo alimentaría el deseo, el interés de un chico. Cuando he tenido un grupo de jóvenes conmigo, he alimentado lo que veía que aparecía como interés en ese chico, y a su vez he intentado acercar algunas otras cosas para ver si ese campo de lectura se abría. Desde la historieta de calidad, hasta la historieta alternativa, los libros ilustrados, los libros álbum, los clásicos, lo muy contemporáneo, la poesía, la ruptura. Yo fogonearía con una gran diversidad de materiales.
Leer es también un acto de arrojo, es como abrirse al mundo y sentirse en libertad de desechar materiales. Es un ir buscando las palabras de otro para encontrarse a uno mismo. Porque lo que uno hace cuando lee no es entender al que escribió, sino entenderse un poquito más a uno mismo y al mundo en que uno vive. Respondiendo  aquella pregunta que nos hacíamos cuando yo estudiaba, en los setenta, de “¿Para qué sirve la literatura?”: bueno, para conocernos a nosotros mismos. Para conocer nuestra condición humana un poquito más.

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En: http://www.clarin.com/sociedad/lectura-da-resultados-largo-tiempo_0_945505510.html