Acerca de la materialidad del libro[1]

Por Gabriela Mariel Arias

libro objeto 2“Cuando Lucía Peláez era muy niña, leyó una novela a escondidas.
La leyó a pedacitos, noche tras noche, ocultándola bajo la almohada.
Ella la había robado de la biblioteca de cedro donde el tío guardaba sus libros preferidos.
Mucho caminó Lucía, después, mientras pasaban los años. […]
y a lo largo de su viaje iba siempre acompañada por los ecos de aquellas lejanas voces
que ella había escuchado, con sus ojos, en la infancia” [2].

Eduardo Galeano

Mucho se ha escrito sobre las prácticas de lectura en la infancia. Como lectores, cada uno de nosotros podría recordar su propia escena de lectura: solitaria o colectiva, silenciosa o en voz alta, privada o pública. A veces, escuchando una voz que nos acercaba el relato construido con palabras. Otras, sumergidos en la lectura y abstraídos del mundo más allá de las páginas. En suma, la acción de leer en la infancia está asociada a múltiples y variadas escenas de lectura, pero ¿qué podemos decir acerca de la dimensión material del libro en estas escenas de lectura?

Los libros son objetos que pesan, se tocan, huelen, se miran, se muestran o se esconden, compran o intercambian. Como objetos, ocupan un lugar, se instalan en nuestro entorno y suscitan emociones y vivencias que no pueden agotarse en el nivel discursivo -lo que dice el texto-. Esa dimensión material, que siempre está presente en la lectura, suele ser determinante en la formación de un lector ya que la envuelve y la condiciona.

Según señalan Cavallo y Chartier en su Historia de la lectura en el mundo occidental, los lectores “[…] no se enfrentan nunca a textos abstractos, ideales, desprovistos de toda materialidad: manejan objetos, escuchan palabras cuyas modalidades gobiernan la lectura (o la escucha) y, al hacerlo, dan la clave de la posible comprensión del texto. […] conviene tener en cuenta que las formas producen sentido y que un texto está revestido de un significado y un estatuto inéditos cuando cambian los soportes que le proponen la lectura. Toda historia de las prácticas de lectura es, pues, necesariamente una historia de los objetos escritos y de las palabras lectoras” (Cavallo y Chartier, 2001; p. 16) [3].

________________________

[1] Para leer el texto completo: Arias, Gabriela Mariel. “El libro álbum: una práctica de lectura compleja”. Buenos Aires: Novedades Educativas, Nº 232, abril de 2010.

[2] Galeano, Eduardo. El libro de los abrazos. Buenos Aires: Catálogos, 2000.

[3] Cavallo, Guglielmo y Roger Chartier. Historia de la lectura en el mundo occidental. Madrid: Taurus, 2001.

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